podder....desde el monte
3, 23 de 2005-10-23 de 2005
hola amigos del monte ,yo estoy recuperandome de una breve enfermedad (no la mental) y resurjo a la vida "ordinaria" ,lamentablemente no puedo colgar nada de nuestro iniciatico viaje a montevideo x la sencilla razon de q no lo tengo conmigo ,pero que es montevideo sino la excusa para soltar la mano y experimentar el entorno ,q es sino un estado de conciencia superior ,una energia diferente, un goze ante un hecho insignificante y maravilloso como dibujar ,solo por el placer de hacerlo ,sin mas les mando otros montevideos ,espero q les gusten .
tambien me gustaria adjuntarles este escrito q me paso una amiga .
la pelicula tambien la vi y es altamente recomendable y emocionante ,para q despues no nos tengamos q quejar tanto de nuestra confortable vida de insatisfechos burgueses.
"es este un texto de ernesto sabato, maestrisimo escritor argentino, q merece ser leido con atencion. ojala dispongan del tiempo necesario".
y ya q estamos, les recomiendo muchisimo el documental "the take".
UN HORIZONTE ANTE EL ABISMO
Todos ustedes comparten conmigo el profundo dolor que siento por nuestra Patria.
Amo esta tierra desventurada como es hoy porque allí nací, tuve ilusiones, luche con el sueño de transformar el mundo, ame y sufrí, y porque a una tierra nos une entrañablemente, no solo sus felicidades y virtudes, sino y sobretodo, sus tristezas y precariedades. En mi país conocí a la gente que mas me ha amado y alentado, gente generosa, sensible, llena de talentos y posibilidades. A ellos le pertenezco, en medio de esta tragedia como lo mas sagrado.
Somos hoy un país pobre, una deuda externa extenuante pesa sobre nuestro pueblo. Sufrimos una sensación de impotencia que parece comprometer la vida de los hombres.
Sin embargo creo en verdad que estamos frente a ese momento de supremo peligro que es a la vez aquel en el que crece lo que nos puede salvar, en el decir de Hölderin.
No sabemos adónde nos llevaran los años decisivos que estamos viviendo, pero si podemos afirmar que una concepción nueva de la vida está entre nosotros. En medio del caos, la pobreza y el desempleo todos nos estamos sintiendo hermanados quizá como nunca antes.
Que estamos frente a la mas grave encrucijada de la historia es un hecho tan evidente que hace prescindible toda constatación. Ya no se puede avanzar por el mismo camino.
Basta ver las noticias para saber que es inadmisible abandonarse tranquilamente a la idea de que nuestro país – y el mundo – superara sin mas la crisis que atraviesa.
Hoy, nuestro país esta atravesando un momento aciago con los peligros que acarrea.
Debemos desandar un largo y tortuoso camino fatalmente asignado por las grandes desgracias que ocasionaron tanto los golpes militares como las políticas sociales y económicas que de ninguna manera fueron pensadas para el bien de nuestro pueblo; sino, por el contrario, dictaminadas por el despotismo de las grandes empresas que nos controlan; amparadas, a su vez, por funcionarios corruptos que han saqueado el patrimonio nacional en aras del beneficio personal y las rencillas partidarias.
Porque esta crisis que tanta desolación esta ocasionando, tiene también su contrapartida: ya no hay posibilidades para los pueblos ni para las personas de jugarse por si mismos. El “sálvese quien pueda” no solo es inmoral, sino que tampoco alcanza. Es esta una hora decisiva. Sobre nuestra generación pesa el destino, y es esta nuestra responsabilidad histórica.
Y no me refiero solo a nuestro país, el mundo nos reclama, reclama ser expresado, para que el martirio de algunos no se pierda en el tumulto y en el caos, sino que pueda alcanzar el corazón de otros hombres, para repararlos y salvarlos.
Dijo Camus:
Indudablemente cada generación se cree destinada a rehacer el mundo.. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es, quizás, mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrupta en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en las que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y la opresión.
Tenemos que absolutamente saber que hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse.
Veinte o treinta empresas, como un salvaje animal totalitario, tienen el dominio del planeta en sus garras. Déspotas invisibles, controlan con sus ordenes la dictadura del hambre, la que ya no respeta ideologías ni banderas. Continentes enteros en la pobreza junto a altos niveles tecnológicos, posibilidades de vida asombrosas a la par de millones de hombres desocupados, sin hogar, sin asistencia medica. Diariamente es amputada la vida de miles de hombres y mujeres; de innumerable cantidad de adolescentes que no tendrán ocasión de comenzar siquiera a entrever el contenido de sus sueños.
Ya la gente tiene temor que por tomar decisiones que hagan mas humana su vida, pierdan el trabajo, sean expulsados y pasen a pertenecer a esas multitudes que corren acongojadas en busca de un empleo que les impida caer en la miseria. Son los excluidos, una categoría nueva que habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía en cuyos balances no cuentan la vida de millones de hombres y mujeres que viven así y mueren en la peor miseria. Son los excluidos de las necesidades mínimas de la comida, la salud, la educación y la justicia; de las ciudades como de sus tierras. Tomar conciencia de la capacidad que cada uno posee puede generar otra manera de vivir, donde el replegarse sobre si mismo sea escándalo, y los hombres se aproximen a la orfandad del otro como quien va hacia un encuentro imprescindible con la vida. Ya que no hay nada mas humano que poner en riesgo la propia vida por los demás.
Debo confesar que por mucho tiempo creí y afirme que este era un tiempo final. Por hechos que suceden o por estados de ánimo, a veces vuelvo a pensamientos catastróficos que no dan mas lugar a la existencia de los hombres sobre la tierra. Pero la vida es un ir abriendo brechas hasta finalmente comprender que era el camino.
Y entonces vuelve a sorprenderme la capacidad de la vida para encontrar resquicios donde seguir creando. Esto siempre me deja anonadado, como quien bien comprende que la vida nos rebalsa y sobrepasa todo lo que sobre ella podamos pensar.
Desde su raíz oscura, la vida busca un lugar donde volverá nacer. Y en tiempos de catástrofes como es el nuestro, los hombres se ven obligados a mostrar cuántos de ellos conservan aun su pertenencia a lo genuino, a lo humano.
Solo el que lleve al menos una mínima parte de la raíz primordial será capaz de nutrirse de aquel manantial oculto del que surge el coraje para seguir luchando.
Como afirma Junger:
En los grandes peligros se buscara lo que salva a mayor profundidad.
[...]Nuestra esperanza hoy se apoya en que al menos una de estas raíces vuelva a ponernos en contacto con aquel reino telúrico del que se nutre la vida de los pueblos y de los hombres. Necesitamos el valor de penetrar en las grietas para que pueda volver a filtrarse el torrente de la vida.
En medio del miedo y la depresión que prevalece en estos tiempos, irán surgiendo, por debajo, imperceptiblemente, atisbos de otra manera de vivir que busque, en medio del abismo, la recuperación de una humanidad que se siente a si misma desfallecer.
La fe que me posee se apoya en la esperanza de que el hombre, a la vera de un gran salto, vuelva a encarnar los valores trascendentales, eligiéndolos con una libertad a la que este tiempo, providencialmente, lo está enfrentando. Porque toda desgracia tiene su fruto si el hombre es capaz de soportar el infortunio con grandeza, sin claudicar a sus valores.
Aunque todos, por distintas razones, alguna vez nos doblegamos, hay algo que nos convertirá y es la convicción de que, únicamente, los valores del espíritu pueden salvarnos de este gran terremoto que amenaza a la humanidad entera. Necesitamos ese coraje que nos sitúe en la verdadera dimensión del hombre.
Recordemos también a Nietzsche cuando dice:
Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en el ocaso. Pues ellos son los que pasan al otro lado.
Fundamentales palabras estas, porque sin duda lo que hoy nos toca atravesar es un pasaje. Este pasaje significa un paso atrás para que una nueva concepción del universo vaya tomando lugar, del mismo modo que en el campo se levantan los rastrojos para que la tierra desnuda pueda recibir la siembra.
La vida del mundo ha de abrazarse como la tarea mas propia y salir a defenderla, con la gravedad de los momentos decisivos. Esa es nuestra misión. Porque el mundo del que somos responsables es éste: el único que nos hiere con el dolor y la desdicha, pero también el único que nos da la plenitud de la existencia, esta sangre, este fuego, este amor, esta espera de la muerte.
Este deseo de convertir la vida en un espacio de humanidad.
No podemos hundirnos en la depresión, porque es, de alguna manera, un lujo que no pueden darse los padres de los chiquitos que padecen el hambre. Y no es posible que nos encerremos cada vez con mas seguridades en nuestros hogares.
Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre esta afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro.
La solidaridad adquiere entonces un lugar decisivo en este mundo acéfalo que excluye a los diferentes.
Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocara por encima de la fatalidad de la historia.
Pero antes habremos de aceptar que hemos fracasado. De lo contrario volveremos a ser arrastrados por los profetas de la televisión, por los que buscan la salvación en la panacea del hiperdesarrollo.
El consumo no es un sustituto del Paraíso:
La situación es muy grave y nos afecta a todos. Pero aun así, hay quienes se esfuerzan por no traicionar los valores nobles. Millones de seres en el mundo sobreviven heroicamente en la miseria. Ellos son los mártires.
Entre ellos, los mas vulnerables, inocentes, sagrados. Hay millones de niños y niñas cuyas primera imágenes de la vida son el abandono y el horror.
El tremendo estado de desprotección en que se haya arrojada la infancia nos demuestra un tiempo de inmoralidad irreparable.
Para todo hombre es una gran vergüenza, un verdadero crimen, que existan doscientos cincuenta millones de niños explotados en el mundo.
Quiera Dios que sean ellos, estos pequeños chicos abandonados que nos pertenecen tanto como nuestros propios hijos quienes nos abran a una vida humana que los incluya.
Leo algo de Hölderlin:
El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante.
Ven. Miremos los espacios abiertos.
Busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté.
Ernesto Sábato
“España en los diarios de mi vejez”
Seix Barral – 09/2004
pd:hernan estoy esperando el dibujo.
gonzalo es verdad de mujeres no aprendi nada ,por eso seguire estudiando de cerca el tema.
tambien me gustaria adjuntarles este escrito q me paso una amiga .
la pelicula tambien la vi y es altamente recomendable y emocionante ,para q despues no nos tengamos q quejar tanto de nuestra confortable vida de insatisfechos burgueses.
"es este un texto de ernesto sabato, maestrisimo escritor argentino, q merece ser leido con atencion. ojala dispongan del tiempo necesario".
y ya q estamos, les recomiendo muchisimo el documental "the take".
UN HORIZONTE ANTE EL ABISMO
Todos ustedes comparten conmigo el profundo dolor que siento por nuestra Patria.
Amo esta tierra desventurada como es hoy porque allí nací, tuve ilusiones, luche con el sueño de transformar el mundo, ame y sufrí, y porque a una tierra nos une entrañablemente, no solo sus felicidades y virtudes, sino y sobretodo, sus tristezas y precariedades. En mi país conocí a la gente que mas me ha amado y alentado, gente generosa, sensible, llena de talentos y posibilidades. A ellos le pertenezco, en medio de esta tragedia como lo mas sagrado.
Somos hoy un país pobre, una deuda externa extenuante pesa sobre nuestro pueblo. Sufrimos una sensación de impotencia que parece comprometer la vida de los hombres.
Sin embargo creo en verdad que estamos frente a ese momento de supremo peligro que es a la vez aquel en el que crece lo que nos puede salvar, en el decir de Hölderin.
No sabemos adónde nos llevaran los años decisivos que estamos viviendo, pero si podemos afirmar que una concepción nueva de la vida está entre nosotros. En medio del caos, la pobreza y el desempleo todos nos estamos sintiendo hermanados quizá como nunca antes.
Que estamos frente a la mas grave encrucijada de la historia es un hecho tan evidente que hace prescindible toda constatación. Ya no se puede avanzar por el mismo camino.
Basta ver las noticias para saber que es inadmisible abandonarse tranquilamente a la idea de que nuestro país – y el mundo – superara sin mas la crisis que atraviesa.
Hoy, nuestro país esta atravesando un momento aciago con los peligros que acarrea.
Debemos desandar un largo y tortuoso camino fatalmente asignado por las grandes desgracias que ocasionaron tanto los golpes militares como las políticas sociales y económicas que de ninguna manera fueron pensadas para el bien de nuestro pueblo; sino, por el contrario, dictaminadas por el despotismo de las grandes empresas que nos controlan; amparadas, a su vez, por funcionarios corruptos que han saqueado el patrimonio nacional en aras del beneficio personal y las rencillas partidarias.
Porque esta crisis que tanta desolación esta ocasionando, tiene también su contrapartida: ya no hay posibilidades para los pueblos ni para las personas de jugarse por si mismos. El “sálvese quien pueda” no solo es inmoral, sino que tampoco alcanza. Es esta una hora decisiva. Sobre nuestra generación pesa el destino, y es esta nuestra responsabilidad histórica.
Y no me refiero solo a nuestro país, el mundo nos reclama, reclama ser expresado, para que el martirio de algunos no se pierda en el tumulto y en el caos, sino que pueda alcanzar el corazón de otros hombres, para repararlos y salvarlos.
Dijo Camus:
Indudablemente cada generación se cree destinada a rehacer el mundo.. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es, quizás, mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrupta en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en las que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y la opresión.
Tenemos que absolutamente saber que hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse.
Veinte o treinta empresas, como un salvaje animal totalitario, tienen el dominio del planeta en sus garras. Déspotas invisibles, controlan con sus ordenes la dictadura del hambre, la que ya no respeta ideologías ni banderas. Continentes enteros en la pobreza junto a altos niveles tecnológicos, posibilidades de vida asombrosas a la par de millones de hombres desocupados, sin hogar, sin asistencia medica. Diariamente es amputada la vida de miles de hombres y mujeres; de innumerable cantidad de adolescentes que no tendrán ocasión de comenzar siquiera a entrever el contenido de sus sueños.
Ya la gente tiene temor que por tomar decisiones que hagan mas humana su vida, pierdan el trabajo, sean expulsados y pasen a pertenecer a esas multitudes que corren acongojadas en busca de un empleo que les impida caer en la miseria. Son los excluidos, una categoría nueva que habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía en cuyos balances no cuentan la vida de millones de hombres y mujeres que viven así y mueren en la peor miseria. Son los excluidos de las necesidades mínimas de la comida, la salud, la educación y la justicia; de las ciudades como de sus tierras. Tomar conciencia de la capacidad que cada uno posee puede generar otra manera de vivir, donde el replegarse sobre si mismo sea escándalo, y los hombres se aproximen a la orfandad del otro como quien va hacia un encuentro imprescindible con la vida. Ya que no hay nada mas humano que poner en riesgo la propia vida por los demás.
Debo confesar que por mucho tiempo creí y afirme que este era un tiempo final. Por hechos que suceden o por estados de ánimo, a veces vuelvo a pensamientos catastróficos que no dan mas lugar a la existencia de los hombres sobre la tierra. Pero la vida es un ir abriendo brechas hasta finalmente comprender que era el camino.
Y entonces vuelve a sorprenderme la capacidad de la vida para encontrar resquicios donde seguir creando. Esto siempre me deja anonadado, como quien bien comprende que la vida nos rebalsa y sobrepasa todo lo que sobre ella podamos pensar.
Desde su raíz oscura, la vida busca un lugar donde volverá nacer. Y en tiempos de catástrofes como es el nuestro, los hombres se ven obligados a mostrar cuántos de ellos conservan aun su pertenencia a lo genuino, a lo humano.
Solo el que lleve al menos una mínima parte de la raíz primordial será capaz de nutrirse de aquel manantial oculto del que surge el coraje para seguir luchando.
Como afirma Junger:
En los grandes peligros se buscara lo que salva a mayor profundidad.
[...]Nuestra esperanza hoy se apoya en que al menos una de estas raíces vuelva a ponernos en contacto con aquel reino telúrico del que se nutre la vida de los pueblos y de los hombres. Necesitamos el valor de penetrar en las grietas para que pueda volver a filtrarse el torrente de la vida.
En medio del miedo y la depresión que prevalece en estos tiempos, irán surgiendo, por debajo, imperceptiblemente, atisbos de otra manera de vivir que busque, en medio del abismo, la recuperación de una humanidad que se siente a si misma desfallecer.
La fe que me posee se apoya en la esperanza de que el hombre, a la vera de un gran salto, vuelva a encarnar los valores trascendentales, eligiéndolos con una libertad a la que este tiempo, providencialmente, lo está enfrentando. Porque toda desgracia tiene su fruto si el hombre es capaz de soportar el infortunio con grandeza, sin claudicar a sus valores.
Aunque todos, por distintas razones, alguna vez nos doblegamos, hay algo que nos convertirá y es la convicción de que, únicamente, los valores del espíritu pueden salvarnos de este gran terremoto que amenaza a la humanidad entera. Necesitamos ese coraje que nos sitúe en la verdadera dimensión del hombre.
Recordemos también a Nietzsche cuando dice:
Yo amo a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en el ocaso. Pues ellos son los que pasan al otro lado.
Fundamentales palabras estas, porque sin duda lo que hoy nos toca atravesar es un pasaje. Este pasaje significa un paso atrás para que una nueva concepción del universo vaya tomando lugar, del mismo modo que en el campo se levantan los rastrojos para que la tierra desnuda pueda recibir la siembra.
La vida del mundo ha de abrazarse como la tarea mas propia y salir a defenderla, con la gravedad de los momentos decisivos. Esa es nuestra misión. Porque el mundo del que somos responsables es éste: el único que nos hiere con el dolor y la desdicha, pero también el único que nos da la plenitud de la existencia, esta sangre, este fuego, este amor, esta espera de la muerte.
Este deseo de convertir la vida en un espacio de humanidad.
No podemos hundirnos en la depresión, porque es, de alguna manera, un lujo que no pueden darse los padres de los chiquitos que padecen el hambre. Y no es posible que nos encerremos cada vez con mas seguridades en nuestros hogares.
Tenemos que abrirnos al mundo. No considerar que el desastre esta afuera, sino que arde como una fogata en el propio comedor de nuestras casas. Es la vida y nuestra tierra las que están en peligro.
La solidaridad adquiere entonces un lugar decisivo en este mundo acéfalo que excluye a los diferentes.
Cuando nos hagamos responsables del dolor del otro, nuestro compromiso nos dará un sentido que nos colocara por encima de la fatalidad de la historia.
Pero antes habremos de aceptar que hemos fracasado. De lo contrario volveremos a ser arrastrados por los profetas de la televisión, por los que buscan la salvación en la panacea del hiperdesarrollo.
El consumo no es un sustituto del Paraíso:
La situación es muy grave y nos afecta a todos. Pero aun así, hay quienes se esfuerzan por no traicionar los valores nobles. Millones de seres en el mundo sobreviven heroicamente en la miseria. Ellos son los mártires.
Entre ellos, los mas vulnerables, inocentes, sagrados. Hay millones de niños y niñas cuyas primera imágenes de la vida son el abandono y el horror.
El tremendo estado de desprotección en que se haya arrojada la infancia nos demuestra un tiempo de inmoralidad irreparable.
Para todo hombre es una gran vergüenza, un verdadero crimen, que existan doscientos cincuenta millones de niños explotados en el mundo.
Quiera Dios que sean ellos, estos pequeños chicos abandonados que nos pertenecen tanto como nuestros propios hijos quienes nos abran a una vida humana que los incluya.
Leo algo de Hölderlin:
El fuego mismo de los dioses día y noche nos empuja a seguir adelante.
Ven. Miremos los espacios abiertos.
Busquemos lo que nos pertenece por lejano que esté.
Ernesto Sábato
“España en los diarios de mi vejez”
Seix Barral – 09/2004
pd:hernan estoy esperando el dibujo.
gonzalo es verdad de mujeres no aprendi nada ,por eso seguire estudiando de cerca el tema.